Juegos Literarios

Por David Núñez

Fermín Carrizo era un escritor dueño de algo que podría llamarse un talento excepcional. Tan excepcional, sin embargo, que si uno lo analiza en detalle, también podría considerarse una cualidad francamente peligrosa e incierta. Al cabo de unos pocos años de solitaria labor literaria, Carrizo comenzó a caer en la cuenta que su literatura de una u otra forma siempre terminaba convirtiéndose en realidad. Pero no en una realidad subjetiva o interpretativa, sino en muchos casos en una realidad bastante concreta y detallada.

Primero fue el viaje a la India de su prima Cecilia y su encuentro amoroso con un periodista inglés, argumento de una de sus primeras novelas.
Después fue el robo en su casa de la costa, incidente en el cual lo despojaron de un disco de vinilo que él había robado a su vez de una exposición de música antigua, relato que ganó el primer lugar en el concurso de cuentos de la Universidad Central de Costaluna. Continue reading

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Hojas, palabras y sueños


Por Fernando Muñoz

Obséquiame un libro usado,
leído por tus ojos
y acariciado por tus manos.

Regálame un libro usado,
que te haya hecho soñar en alguna ventana
para irme también en ese sueño.

Regálame un libro usado,
que te haya llevado a algún lugar distante;
y así tal vez, yo también poder irme…
y traerte de vuelta.

(Foto: Jocelyn Muñoz)

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De Halloween y Nueva Orleans


Por Fernando Muñoz

A la medianoche, cuando el reloj da la doceaba campanada, es cuando los muertos se dejan salir por las calles del puerto. Pero, no hay para que asustarse pues es la única vez del año en que pueden circular libremente, y como tienen que andar asustando siempre, esta es la ocasión para darse un recreo.
Los primeros en llegar a los bares y los clubes del centro de la ciudad son los que viven en los cementerios antiguos, en las casonas de principios del siglo 19 y los que dejaron el mundo de los vivitos en alguna que otra callejuela, callejón o esquina de la Nueva Orleans.
Si bien es cierto los muertos están felices de poder andar para arriba y para abajo sin despertar sospechas, sin ser detenidos ni que les anden exigiendo papeles y documentos, de vez en cuando se molestan y dejan ver su eterno desprecio por la simpleza y estupidez con que los vivos se comportan.
Se dicen para si mismos: “¿De qué se preocupan, para qué se estresan? si al final todos iremos a parar donde mismo y una vez al año terminaremos bailando el swing”- o se susurran a los oidos medio descompuestos: “Mira esa vieja tiene una cara de muerta; ni muerto la saco a bailar” – Sin embargo, la linea que separa a los muertos de los vivos no es tan grande ni tan determinada y hay ocasiones, y digamos que ha sucedido más de lo imaginado… que entre tanta revoltija de vivos con muertos, muertos haciéndose los vivos y vivas haciéndose las mosquitas muertas; más de uno que otro ha terminado enredado y luego de la música, el candente bailar de caderas y el abuso del alcohol, más de alguno ha terminado con una desagradable sorpresa al día siguiente, cuando descubre que a su lado no yace un amante, sino un difunto. Y bueno, para el muerto… digamos que se pasó de vivo.

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La Cortejada

Por: Fernando Muñoz

El tiempo ya pasó
el de los suspiros y el de los sueños
un mundo que se cae a pedacitos
como la pintura en la casa vieja
la casa chica
esa casa donde crecimos.

El tiempo, movedizo, circular, cuncunar
eterno, a veces efímero… casi siempre efímero.

Y pienso que te vas
pero, soy yo el que se está yendo.
la perspectiva de las cosas…

La piel se hace vieja
los ojos se hacen viejos
los sueños se evaporan
en este desierto de sentimientos
en este desierto de emociones

¿Dónde quedó el ímpetu de la infancia?
¿Dónde quedaron mis disfraces de héroes?
¿Dónde quedaron mis libros de poemas?
¿Dónde quedo ese brillo en mis ojos?

La bala asesina, perdida y anónima
fue a darme en el medio del alma
no sólo quebrándola
sino, reventándola
igual que esas burbujas que lanzaba
al cielo infinito cuando era niño
al principio hermosas, delicadas
luego un tambaleo…
para desintegrarse en la nada misma
desintegrarse… eso!
mi alma desintegrada por una bala moribunda.

Y el beber para olvidarlo
no me ha llevado a ninguna parte
tampoco, el querer perderme en los sueños de antaño
la melancolia es una trampa,
es una mujer a la vuelta de la esquina
con una máscara de inocencia
pero que en el fondo solo desea devorar lo poco y nada que queda en los huesos.

Y para que me trajiste a este mundo
crees que me gusta esta vida?>

promesas de un paraíso no son suficiente
quiero mi paraíso aquí y ahora!

Sin puertas, sin rejas,
sin peros ni condiciones.
porque a tu imagen y semejanza fui concebido
y a tu imagen y semejanza moriré algún día.

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Entre la ciudad y el corazón

Por: Fernando Muñoz

De sonidos,
ciudad.
pasos y voces,
conversaciones al pasar.

De tu voz,
juntos almorzando recuerdos y palabras,
mientras la lluvia
acariciaba la piel triste de las ventanas.
Los pestillos tiritando
no del frio,
sino del pasar de los autos,
los temblores, los trenes
o alguna réplica en tu corazón.

y el tiempo…
silencioso y frio, atravezando los cuerpos
para recordarnos que la carne duele.

Tus ojos acariciando el pasado,
como si pudiese tocarse
ahí tan cerca de los mios.

Gotitas se desprenden del silencio.

La matanza había comenzado mucho antes,
solos contemplamos lo que ya no existe.
Ese espacio vacío entre los dos.

(Foto: M. G. Dominguez)

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